Leyenda del mercado de Triana

Lo primero que vemos al llegar al Altozano es el Mercado de Triana, pero siempre no ha sido así, anteriormente estuvo situado el Castillo de San Jorge, donde en el año 1481 se estableció la sede de la Inquisición. Esta institución se mantuvo en este lugar hasta 1626, año en el que lo abandonó por el continuo deterioro de sus muros debido a las fuertes crecidas con que a veces arreciaba del río, siendo concedido entonces al Conde Duque de Olivares, que se ocuparía de su reparación y cuidado, sólo hasta 1639, año en el que volvió a ser sede de la Inquisición hasta su marcha definitiva en 1785.

Posteriormente se donó a la ciudad para que pudiera abrir un paso desde el Altozano hasta la calle Calle Castilla, levantando casas a ambos lados, para lo cual se demolieron sus dependencias, quedando parte de él en solar.

Actualmente, sus restos se han convertido en un centro de la interpretación y museo de la Inquisición, sobre el que se levanta el mercado de abastos de Triana.

Cuentan que en el silencio de la noche, cuando el mercado queda vacío de clientes y comerciantes, se escuchan sonidos que no se saben de donde vienen. Cadenas se arrastran bajo el suelo,  golpes en la pared… y los sensores de las cámaras de seguridad registran movimientos cuando, aparentemente, nada ni nadie pasa por delante del objetivo. Se cuenta que en la calle se puede ver a una niña vestida de blanco que cruza en la oscuridad de la noche.

Parece mentira o simplemente leyendas urbanas, pero sólo tienes que hablar con algún trabajador de la empresa de seguridad para que te confirme que nada de esto es mentira. Muchas veces es por pura sugestión propia, pero algo de realidad tiene que haber, cuando para realizar el turno de noche y hacer la ronda en el mercado hay que “echarle valor”.

“Era por la tarde cuando entré en el mercado, hacía ya frío y estaba oscureciendo, pocos puesto había abiertos pero entré por entrar en el mercado.

Cuando llevaba un rato aquí, cinco o diez minutos máximo sentí una especie de llanto, me llamó la atención y fue hacia la calle del pescado. Allí vi pasar entre las calles a una niña, una niña de blanco o que brillaba, no se…

El caso es que seguí a la niña creyendo que se podía haber perdido o necesitar ayuda, la vi pasar de nuevo y cuando fui a donde estaba, había desparecido.

Era una niña con traje blanco como de comunión, pelito largo, y se movía muy rápido…”

Historias como esta no es raro escuchar entre los comerciantes y clientes…

Fuente consultada: ABC de Sevilla

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